miércoles, 20 de enero de 2021

El árbol genealógico del coahuilense

 

 Para descubrir nuestra identidad, para poder responder a la pregunta fundamentalista, ¿quién soy?; existen dos aspectos en los que debemos indagar, el primero es uno de carácter general, como es conocer la sociedad a la que pertenecemos, su origen, sus lugares y demás características, es decir; nuestra identidad como parte de un grupo político y cultural, que en nuestro caso podemos llamar Coahuila, México, etc. El segundo aspecto que debemos revisar es uno singular, es decir, aquellas cosas que sólo nos atañen a nosotros y a nuestra familia, nombre y apellido, rasgos físicos, oficio o profesión, pudiendo echar mano para esa tarea, de la construcción de un árbol genealógico.

Los coahuilenses en su mayoría, son hijos de los procesos de colonización y migración, y en ambos casos, nuestros ancestros tienen por origen un lugar diferente al del territorio coahuilense, alejándonos cada vez más de éste Estado mientras más nos adentremos en el pasado.

Puedo asegurar al lector, que en caso de investigar entre sus antepasados, se encontrará con que en algún momento de la historia familiar, hubo quien llegó de otra parte de Coahuila, tal vez de Nuevo León, Chihuahua, Zacatecas, Durango y por supuesto, San Luis Potosí, y si continúa escarbando más aún en el tiempo, salvo los que llegaron vía el vecino país del norte; descubrirán que tienen sus raíces en otros sitios más alejados, más hacia el centro y sur del México actual, como Jalisco, Veracruz y la Ciudad de México.

En uno de los capítulos del libro Identidad Coahuila, al respecto Lucas Martínez Sánchez, destacado investigador, y prolífico escritor de temas históricos, señala; “Si vas  a los ejidos, a donde quieras, te vas a encontrar con un altísimo porcentaje, siempre que le preguntas a la gente de dónde vinieron sus abuelos o bisabuelos, todos sin excepción, desde aquí, desde el sureste (Saltillo) al norte, a los ejidos de la parte rural coahuilense, ¿de dónde venían?, de San Luis Potosí, sin excepción; ¿qué significa eso?, yo hice un estudio sobre un ejido en Castaños,  y fue lo que encontré, todos vinieron de San Luis Potosí, son los que vinieron de antes de la guerra o sea ya vivían ahí antes de la Revolución y busqué sus actas de nacimiento y ya vivían ahí en sus ranchos, antes de mil ochocientos sesenta y tantos, vino la Revolución, vino el proceso agrario y se hacen ejidatarios, pero todos tienen claro de dónde vinieron. En términos de identidad tienes que tomar en cuenta eso, una migración silenciosa por los fenómenos económicos al final del siglo XIX, una migración tremenda, una segunda repoblación de Coahuila vino del altiplano potosino”,  

¿CÓMO HACER MI ÁRBOL?

Si bien los investigadores han escrito sobre todo tipo de temas históricos, difícilmente si no somos parte de la familia de un personaje histórico o famoso, tendremos ya en casa un árbol genealógico que vaya más allá de nuestros abuelos; ello se debe a que por lo general la historia aborda los eventos más trascendentales en una sociedad, quedando en nuestras manos rescatar y conservar nuestra propia historia y la de nuestra familia.

Para lo anterior, la creación de un árbol genealógico es la mejor herramienta, pudiéndolo elaborar en la actualidad de una forma muy sencilla gracias a la tecnología y al trabajo de mucha gente que ha contribuido a registrar y conservar archivos de todo tipo.

Para comenzar, basta con preguntar a nuestros familiares lo que saben de nuestros ancestros, luego con los nombres de nuestros padres, abuelos, y quizás los bisabuelos, sus fechas y lugares de nacimiento, buscar en internet la pagina “www.familysearch.org”, creada por la Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días, que siendo creyentes o no, o profesando la religión que sea, proveen de un servicio gratuito para la elaboración de un árbol genealógico, dándonos acceso a una infinidad de registros de todo el mundo, de migración, matrimonio, bautismos o nacimiento, por mencionar algunos. Existen otras páginas en el ciber-espacio que también ofrecen cosas semejantes, pero para poder acceder a ellas plenamente hay que pagar una suscripción, y en muchos casos la información que te darán, es la que puedes encontrar sin costo alguno en el servidor de los mormones.

Tras hacernos una cuenta en el Family Search, armados de un poco de paciencia, y sin dejarnos llevar por las corazonadas, podremos encontrar rápidamente a nuestros antepasados, personas de las que quizás nunca hubiéramos sabido de su existencia, en un viaje que se vuelve apasionante y que podrá darle sentido a muchos aspectos de tu vida; obteniendo además un práctico esquema de árbol genealógico, consejos, sugerencias y asistencia para su elaboración, debiendo aclarar, que la información ingresada de personas vivas será confidencial, y la de quienes ya fallecieron, sólo podrá servir como un indicio o pista para que los administradores del servidor puedan corregir errores, como en el nombre de tus familiares, o para que otros usuarios puedan también encontrar a los parientes que tienen en común contigo. En cualquier caso, es decisión de cada cual hacer uso o no de ese tipo de servicios, onerosos o gratuitos.

Las otras opciones que tenemos para indagar sobre nuestro pasado además de navegar en internet, y que requieren un poco de investigación de campo, son museos y archivos históricos municipales o estatales, como el de Coahuila, ya que en ellos se conservan registros y documentos oficiales sobre los primeros pobladores, inclusive libros en los que se han recopilado matrimonios, nacimientos o bautizos, por nombre o fecha; habiendo en algunos casos, una gran cantidad de expedientes digitalizados que se pueden consultar mediante equipos de cómputo y buscar palabras claves para descubrir textos interesantes.

En los templos religiosos también se conservan muchos registros, y aunque ellos no suelen estar a disposición de los investigadores, profesionales o no; también son una opción, sin olvidar los de los panteones incluyendo las lápidas, y la información que se puede obtener del Registro Civil y el Registro Público de la Propiedad.  

¿Hasta dónde podremos llegar con nuestro árbol genealógico?, ello depende de la suerte que tengamos, pues como se recordará, guerras, incendios y demás fenómenos naturales, como el simple paso del tiempo, han acabado con infinidad de documentos históricos, así que, está en manos de la fortuna que en el lugar donde vivieron nuestros antepasados, hayan conservado algo de ellos, y luego que como sucedió con la Parroquia Santiago Apóstol de Monclova, se conceda acceso a los investigadores, y se lleve esa información completa al internet, como se puede encontrar actualmente en el servidor de la página antes mencionada de los mormones.

Evidentemente, mientras más nos sumerjamos en el pasado, más difícil será encontrar a nuestros ancestros, ya que los registros más antiguos estaban regularmente limitados a la nobleza o los líderes económicos y políticos, es decir; los “poderosos”, y serán menos mientras nos vayamos acercando a épocas como el renacimiento y la era medieval.

En el caso de éste autor, he llegado a tener en algunas ramas familiares, descubrimientos tales que ascienden a 18 generaciones, que llevan a diferentes lugares de México y tres países de Europa, y que me han revelado mi parentesco con una infinidad de personas que llevan un apellido que por razones prácticas yo ya no tengo, pero que no deja de ser parte de mi historia familiar.

Por último, y pretendiendo explicar de la mejor manera la importancia de conocer nuestro pasado, es decir, el origen de los sobrevivientes que somos, les comparto un poema escrito por mi poeta favorito, un español ya fallecido; conocido internacionalmente por su obra, y llamado Ángel González.

 

Para que yo me llame Ángel González

 

Para que yo me llame Ángel González,

para que mi ser pese sobre el suelo,

fue necesario un ancho espacio

y un largo tiempo:

hombres de todo el mar y toda tierra,

fértiles vientres de mujer, y cuerpos

y más cuerpos, fundiéndose incesantes

en otro cuerpo nuevo.

Solsticios y equinoccios alumbraron

con su cambiante luz, su vario cielo,

el viaje milenario de mi carne

trepando por los siglos y los huesos.

De su pasaje lento y doloroso

de su huida hasta el fin, sobreviviendo

naufragios, aferrándose

al último suspiro de los muertos,

yo no soy más que el resultado, el fruto,

lo que queda, podrido, entre los restos;

esto que veis aquí,

tan sólo esto:

un escombro tenaz, que se resiste

a su ruina, que lucha contra el viento,

que avanza por caminos que no llevan

a ningún sitio. El éxito

de todos los fracasos. La enloquecida

fuerza del desaliento...

   

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